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Sentimientos

tormenta

Sentimientos

Ira

Sudor, gritos, lágrimas en el interior de pecho. Por fuera puedo sonreír, lanzar una falsa mueca que parezca decir a todo el mundo “Estoy bien”. Pero por dentro… Por dentro tengo fuego, tengo rayos y truenos que hacen tambalear mi espíritu. No puedo dormir. No puedo pensar. Solo pienso en gritar. En salir de aquí. En romper esta cárcel que es mi cuerpo, que es mi mente, y correr durante horas, correr durante días, correr hasta no poder más y caer rendida sobre la hierba verde .

Me iré de aquí, me iré corriendo, me iré gritando para ver si, así, consigo que esta oscuridad se despegue de mi sombra. No quiero más color negro. Quiero color verde. Quiero color azul, amarillo, naranja. Así que correré, correré hasta quedarme sin aliento y hasta que consiga borrar el negro que me vive bajo mis pies.

Solo así podré volver a respirar tranquila y a apaciguar esta guerra que tengo en mi interior. Porque las guerras que más cuestan ganar no son las de fuera, no. Las guerras que más cuestan ganar son las que se libran en el interior de tu pecho. Así que me arrancaré el corazón, si hace falta, para que vuelva a resurgir uno nuevo, puro y sin heridas abiertas.

Tristeza

Cansancio. El cansancio se apodera de mi cuerpo haciendo que, cada vez, mis movimientos sean más pesados, más torpes, más inestables. Conseguí marcharme, conseguí correr hasta quedarme sin aliento. Y todo ¿para qué? Para volver a encontrarme aquí, frente a mi espejo, con el gesto cansado, la voz cortada y mi piel de un color tan blanco que, incluso, asusta.

Vuelvo a estar aquí y me doy cuenta de lo absurda que fue mi huida. Me fui con mucha prisa, me fui con mucho miedo, me fui con mucha ira pero, al final, vuelvo a estar aquí. Sin prisa, sin ira, pero con miedo, mucho miedo. No tenía que haber huido. Tenía que haberme quedado aquí, mirar a esa estúpida que me mira a través del espejo y gritarle, “Ven aquí, ¡no te tengo miedo”. Pero no lo hice. Lo que hice fue marcharme, dejar de mirarme al espejo y sentir que todo iba bien. Todo iba falsamente bien.

Superación

Ha llegado el día. La batalla final. Tú y yo vamos a mirarnos las caras, de una vez por todas. Vamos a escupirnos todo lo que pensamos y veremos quién llega hasta el final. Ya no estoy cansada. Ahora me siento fuerte y preparada para mirarte a los ojos y no apartar la mirada. No te tengo miedo. Ya no. He decidido ponerme mi traje de militar, por última vez, coger mi escopeta de palabras y enfrentarme a ti en esta batalla que parece que nunca tenga fin. Prepárate.

No me gusta lo que veo. No me gusta mi reflejo. No me gusto, es más, me odio. Odio ser una cobarde. Odio haber huido. Odio haber llorado. Odio no saber quién soy y seguir corriendo para ver si, así, me encuentro conmigo misma. Odio no reconocerme en las fotos viejas. Odio no sentir a mi niña interior. Odio trabajar tanto y ver cómo la vida se escurre por mis manos. Odio dejarme llevar por la corriente. Odio no plantarme cara y decirme en voz alta: ¿A qué coño estás esperando para vivir con los brazos abiertos?

Amor

El calor vuelve a recorrer mi cuerpo. Siento cómo el color blanco-muerte que se había instaurado en mi rostro, empieza a desaparecer para dejar paso a un color más cálido, más enérgico, un color repleto de vida. Mi corazón empieza a latir con normalidad. Ya no tengo miedo.

Dejo las ventanas siempre abiertas para que el aire fresco inunde mi habitación. Se está bien así.  Se está bien reecontrarte con tu reflejo y ver que sonríe con la boca bien abierta. Se está bien vivir tranquilo. Se está bien vivir.

Solo tenía que cuidarme. Solo tenía que mirarme. Solo tenía que sonreírme. Solo tenía que quererme. Solo tenía que recordar aquello que aprendí de pequeña gracias a mi padre: All you need is love. Pues sí: all you need is love.

eliatabuenca
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